Las casas de piedra volcánica oscura de su centro histórico se extienden sobre la meseta basáltica del mismo nombre, en el territorio histórico y boscoso del Barigadu. La posición central de Abbasanta — un pueblo de dos mil setecientos habitantes y Presidio Slow Food por el casizolu (típico queso de vaca) — en el corazón de Cerdeña es conocida desde la Antigüedad: no es casualidad que hoy se encuentre en el cruce de la principal arteria viaria, la carretera nacional 131. En época romana era conocida como Ad Medias Acquas. El nombre posterior Aba Sancta (agua santa) aparece por primera vez en el siglo XII en las rationes decimarum (pagos de los diezmos eclesiásticos). La presencia humana en este territorio es muy anterior a la llegada de los romanos, remontándose al Neolítico, como demuestra el dolmen de s'Angrone. Del Bronce son datables el pozo sagrado de Calegastea, la tumba de los Gigantes de sos Ozzastros y numerosos complejos nurágicos.
El más famoso es el nuraghe Losa, a tres kilómetros del pueblo. Construido con bloques de basalto de talla regular, presenta una estructura compleja, resultado de varias fases constructivas entre los siglos XV y XII a.C.: un mastio (torre central) 'protegido' por un bastión trilobulado, cuya torre más alta alcanza los 13 metros, rodeado a su vez por una muralla exterior. En la Edad del Hierro fue menos frecuentado y posteriormente utilizado con fines funerarios. Otro nuraghe importante es el de torre única Zuras, fechado entre los siglos XIV y XII a.C., digno de mención por la precisión de su factura. Desde su terraza superior podrás ver otros yacimientos de los alrededores, entre ellos el nuraghe polilobulado Aiga, en torno al cual observarás los restos de un poblado de mediados del II milenio a.C. No lejos de Abbasanta, en el territorio de Paulilatino, destaca otro enclave nurágico fundamental: el sugestivo santuario de santa Cristina con el poblado que lo rodea.

















